La Ciudad Silenciosa

Bueno, nenes y nenas, después de las (para mí) merecidísimas vacaciones navideñas, volvemos con más fuerza y más carnaval, je, je… De aperitivo, aquí os dejo un corto que es la caña de España, gracias a un chivatazo de mi buen amigo V.

Disfrutadlo.

http://www.dailymotion.com/video/x17eup_the-silent-city_shortfilms

 

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All’s well that ends well

A los que sois profesores (o alumnos) no os cogerá por sorpresa si os digo que la causa de que lleve tantos días sin actualizar es que… efectivamente, hemos estado de exámenes, correcciones, reuniones de evaluación, y demás zarandajas relacionadas con el trabajo de la docencia.

Tengo ahora mismo una empanada mental considerable, y poco menos que lo único que ve mi mente es una sucesión de números y rayitas rojas inclinadas sobre fondo blanco, amén de cientos de cuadrículas en las que hay que ir reseñando las estadísticas de aprobados y suspensos, ausencias y partes de disciplina. Un trabajo agotador el de burócrata, situación a la que nos aboca por cojones nuestra querida Junta de Andalucía. Cuánto recuerdo a mis colegas ingleses, sobre todo al director del centro donde estuve de intercambio el año pasado… Una vez se me ocurrió preguntarle si allí, en la perfida Albión, los profesores también tenían que hacer trabajo administrativo (y de psicólogos, y de consejeros, y de…) tal como ocurre aquí. Jim me miró con extrañeza, con esa cara de sabio que tenía el tío, y, negando con la cabeza dijo sólo dos palabras: “Teachers teach“, es decir, que lo único que hacen los profesores allí es enseñar. Y punto. Vaya suerte la de los colegas de las islas (y de otros muchos países).

En fin, que todo se acaba. Esta tarde tengo las últimas reuniones de evaluación, y el viernes entrego las notas de mi tutoría, los mastuerzos de 3º A, que, después de todo, no han salido tan mal parados. Es lo que tiene ser inteligente e inexperto: que no te las ves venir. Sin embargo, espero que hayan aprendido que confiarse es un error, y que, teniendo en cuenta sus muchas capacidades, tienen potencial para llegar a hacer lo que quieran, empezando por aprobar un curso como el de tercero de la ESO. Por cierto, hablando de mis alumnos, un saludo bloguero para ese padawan bitacoril que es el Señor X, un tipo la mar de pintoresco y una de las personas más jóvenes que lleva una bitácora en estos momentos. Su proyecto aún está en pañales, bien es verdad, pero, por otra parte, es esperanzador que haya gente con inquietudes de comunicación dentro de la desidia que demuestra su generación.

A partir de ahora, espero poder cumplir mi promesa interior de actualizar al menos una vez cada dos días. Las vacaciones de navidad ayudarán, seguro.

Muchas pequeñas cosas

[Música de fondo: “Das Model” de Rammstein]

Bueno, por fin puedo actualizar la bitácora. A lo largo de estas casi dos semanas que han transcurrido desde que escribiera en ella por última vez me ha sucedido casi de todo: algunas cosas buenas y otras no tanto. Eso sí, afortunadamente ninguna mala.

En primer lugar, caí enfermo y mi amable doctora de cabecera (gracias, Pilar) me dio de baja para que pudiera cuidarme la puñetera garganta. Siendo profesor, entenderán ustedes que es parte fundamental de mi cuerpo para poder llevar mi trabajo a buen puerto. Casi una semana en casita, con la bufanda al cuello e intentando hablar lo menos posible. Lo que aún me tiene mosqueado es que la súper-faringitis que pillé se debió a… ¡mi operación de amígdalas! Nada raro en principio, salvo que la intervención se llevó a cabo hace treinta y seis años. Casi nada. Lo cierto es que se me habían infectado las cicatrices y tenía aquello como el estanque de los patos del Parque Genovés, es decir, hecho una mierda. Tras un potente chute de antibióticos y antiinflamatorios ya me encuentro mucho mejor, aunque tengo que reservarme los gritos para el segundo trimestre. Je, je.

En otro orden de cosas, aproveché ese tiempo para darle fuerte a uno de mis grandes temas pendientes: el carné de conducir. Tengo dos carreras, un máster, las oposiciones de educación aprobadas, y muchas otra cosas más que, como mínimo, me validan en ser un estudiante medianamente aceptable. Sin embargo, miren ustedes, a mis cuarenta y dos años no había tenido cojones de sacarme el puñetero permiso de circulación. Eso se ha acabado. Me examiné de la parte teórica el pasado día cinco y… sí, he aprobado a la primera, con cero errores. Juassssss… La mar de contento que estoy, aunque sólo haya ganado una batalla, que no la guerra. Aún me queda el monstruo grande de final de nivel: el examen práctico. Ése sí que me da auténtico canguelo.

En fin, y muchas cosas más que me reservo para futuros posts. Tengan en cuenta que ahora se avecina la peor época para los profesores, en el sentido de que es la más frenética: el momento de evaluar a la basca y entregar las notas del primer trimestre. Exámenes, reuniones de evaluación, correcciones aceleradas… eso que ya casi forma parte del espíritu navideño.

Bueno, pues eso. Cuídense, gasten poco y prepárense para ver cómo sus cuentas bancarias menguan sin control. Desde aquí, seguiremos informando.

Pasen y vean

Bueno, pues aquí tienen el nuevo pisito (cibernético, claro), o la nueva tribuna, o lo que les salga de las narices: son ustedes muy libres de llamar a esto como les dé la gana. No hay una razón oculta o especial para haber cambiado de dirección. Soy una persona inquieta, lo saben los que me conocen, y la monotonía llega a agobiarme bastante. A esto hay que añadirle que, siendo un geek, me gusta tener la bitácora llena de cacharritos y gilipolleces, algo que era mucho más complicado en el anterior dominio. Qué le vamos a hacer. Como decía el poeta: “Cada uno es como es y anda siempre con lo puesto”.

Este formato de bitácora, además, me permitirá añadir paginas con mi información personal y mis publicaciones, así como un forma más dinámica de presentarles textos en Creative Commons; en cristiano, esas cosas que uno escribe porque le llaman desde el fondo del cerebro pero que sabe que ninguna editorial va a estar dispuesta a publicarlas.

Me encuentro en un momento de creatividad febril que apenas puedo controlar, aunque la mayor parte está destinada a quedarse en el disco duro (la novela de Conan, por ejemplo: subidón que me ha dado al saber que estaba, como Sherlock Holmes, libre de derechos). Por eso prefiero que, de estar en modo digital, esté aquí, en la Red de Redes, donde las personas que quieran (pocas) puedan disfrutar de ello.

Y poco más. Ya seguiremos informando una vez que me haga con los mandos de la nave.