Un apunte ultrarápido

Hablaba el otro día de la verdadera crisis, la de ideas, y todo cuanto veo o leo a mi alrededor confirma mis sospechas de que no estoy equivocado. En los dos o tres últimos días he leído artículos en prensa en los que los más sesudos economistas del planeta achacan el estado actual de las bolsas (y, por ende, de nuestros bolsillos) a la avaricia de los pérfidos neocons (yuyu mutia, diría Tarzán) y a la falta de ideas para desarrollar nuevos modelos económicos que se ajusten a la realidad y a las necesidades del mundo actual.

Pues va a ser que sí.

Hedonismo de Pacotilla

Está la cosa que te cagas con el hedonismo en esta sociedad nuestra. Yo, en principio, no tengo nada en contra del placer por el placer, estaría bueno, pero lo que no estoy dispuesto a soportar es que se confundan los microchips con las berzas. Amiga mía: si es usted hedonista, sepa que la belleza, el culto al cuerpo y los retocamientos absurdos en las clínicas de estética están para algo más que para lucir el palmito en las playas o para dejar al personal masculino con la boca abierta y la bragueta abultada. Señora o señorita mía: si ha luchado usted por conseguir un cuerpo de Barbie de pacotilla, si ha llenado sus carnes de silicona, al menos dése un gustazo y amortice la inversión, joder.

En este país nuestro de charanga, oración, Rocío, Ferias y panderetas, las féminas están cada día más despistadas (no hablemos aún de los machos kilometrosexuales, sobre los cuales ya me explayaré en otro post) y absurdas. Mucho cambio, mucho bótox, mucho alzamiento de senos y nalgas, pero poca chicha, id est, que se folla aquí menos que en un jardín de infancia esquimal. Y es que, amigas o enemigas mías, algunas todavía no se han dado cuenta de que la belleza y el atractivo no dependen sólo de la envoltura exterior, que, a veces, es más una cuestión de fondo que de forma (o de materia primera y materia segunda, si nos ponemos aristotélicos). Sin entrar en filosofías: la que lo tiene lo tiene, y la que no, pues que sepa que ni una legión de cirujanos plásticos va a arreglarlo. Una señora entradita en carnes puede tener más morbo y sex-appeal que un batallón de Pamelas Andersons en pelotas. Esto es así, y ningún anuncio de la Corporación Dermopatética va a demostrar lo contrario.

Unas nacen con ese yo-no-sé-qué-que-qué-sé-yo y otras no, qué le vamos a hacer (yo mismo soy un buen ejemplo de que en la vida tienes que aprender a jugar con las cartas que te tocan). Quizá es que todo dependa de que para ser sexualmente atractiva hay que ser sexualmente activa, y es que, no nos engañemos, todo este asunto no es más que química orgánica de feromonas y demás zarandajas. No tiene sentido castigarse las carnes en las clínicas sólo para aparentar que eres una sex-symbol, hay que pensar como una de ellas. Y eso sólo se consigue teniendo esa chispa, ese carisma sexual con el que, malas noticias, se nace, el cual se tiene o no se tiene, y todavía no hay investigación humana que haya conseguido replicar o trasplantar tal entelequia.

Dejen de gastarse los cuartos en los quirófanos y practiquen más el sexo. Estarán más guapas, serán más felices y su atractivo sexual crecerá enteros, no importa que sus formas no coincidan con los cánones que dictan el Playboy o la MTV. Estos últimos, por mi parte, pueden irse a la mierda, juntos o por separado.

No sean buenos, no sirve de nada.

:) WATCHMEN :)

Uno es cauto ante cualquier adaptación de un medio a otro, sean cuales sean. Por norma general, me da grima leer que una obra literaria va a ser llevada al cine (con la excepción de El Nombre de la Rosa), y me embarga la misma sensación si es al contrario (las “novelas” derivadas de películas suelen ser truños infumables dirigidos a un público poco o nada exigente). Lo mismo me sucede con el cómic, y es que soy de los que pienso que cada medio tiene su propio lenguaje, sus propias convenciones, y sus propios medios y maneras para contar una historia. No hay necesidad de traspasar las fronteras. Si esto ocurre tan a menudo es, simplemente, por la falta de ideas que está acabando con el cine tal y como lo conocemos.

Pero han vuelto a hacerlo. En Marzo de 2009 llegará a las pantallas la adaptación del cómic por excelencia, del único que está entre las cien mejores obras de la literatura inglesa de todos los tiempos. Hablamos, por supuesto, de Watchmen: esa maravilla surgida de las neuronas de Moore y Gibbons. No me imagino siquiera cómo se han atrevido a hacerlo. La historia ucrónica transcurre en unos EEUU alternativos en los que Nixon es aún el presidente durante la década de los ochenta, una nación machacada por el fascismo y la intolerancia, con un pueblo sometido por la oligocracia del miedo que mira de reojo el “reloj nuclear” (el mecanismo que mide la tensión entre estadounidenses y el bloque soviético), permanentemente situado a las doce menos cinco… En este ambiente, alguien está aniquilando a los antiguos superhéroes, enmascarados sin poderes (excepto uno) que son tan falibles y desesperados como cualquier hijo de vecino.

¿Cómo transmitirá el director la sensación de paranoia constante que teníamos los que crecimos durante la Guerra Fría? ¿Cómo explicarle a una generación sin rebeldía, sin solidaridad, lo que es vivir bajo el yugo de un poder que abarca más de lo que tú puedes llegar a imaginar

Sinceramente, no creo que hayan podido hacerlo. La obra es tan densa y tan profunda que nunca te cansas de leerla, y cada vez que lo haces descubres un detalle nuevo que se te había pasado por alto, Lo que se dice una Obra Maestra con todas las letras. Al menos, pues lo cortés no quita lo valiente, en lo visual lo han clavado, al tráiler me remito:

Educando Ciudadanos

Ahora mismo estoy en una clase de Educación para la Ciudadanía, tratando el tema del Pensamiento Crítico, y ofreciéndoles unas escuetas normas para que aprendan a ejercerlo (no es que yo vaya de iluminado por la vida, es que la programación de la asignatura me obliga a hacerlo así). Para ello, intentamos establecer una serie de datos empíricos en contra del Tarot y el curanderismo, así, en plan ejemplos facilones.

El problema es que mis alumnos creen en la astrología más que en la Ciencia. El problema es que la asignatura se imparte una hora a la semana. El problema es que hay que estar buscando en el diccionario cualquier palabra que apareza en cualquier texto (hoy han sido, valga la muestra: concepto, tarot, predicción, vidente…). El problema es que estoy más tiempo mandando callar que explicando. El problema es que te dicen abiertamene que esta materia “es una mierda”, “que no sirve para nada”, “que los profesores somos idiotas que no les enseñamos nada útil”. El problema es que uno se prepara las clases y piensa mil estrategias y desarrolla cientos de acercamientos pedagógicos para acabar dándose con una puerta en las narices.

El problema es que vamos sin rumbo. Al pairo. Y esto, señores políticos, nos va a pasar factura a la nación entera dentro de diez o veinte años.

¿Por qué leo y/o escribo (a veces, cuando me dejan, siempre que el escaso tiempo lo permite)? (II)

Dejando a un lado, tal como citábamos aquí, el Pumby y demás tebeos de la época (todos, de aquella era un voraz devorador de viñetas), el salto cuántico se produjo cuando empecé a leer las novelas de Verne, pasando de las Joyas Literarias Juveniles a los textos en las que estaban basadas. Mirándolo desde la perspectiva actual, uno se da cuenta de que ése sí que era un modo cojonudo de fomentar la lectura, un esquema lógico de avance. Supongo que muchos de los de mi generación, habrán pasado por ese momento.

Se empieza con Verne, claro, y se sigue con todo lo demás, hasta que se va llegando a todo tipo expresión literaria, y uno acaba por toparse con las Obras Maestras, que, en algunos casos satisfacen, y en muchos otros no. Al menos para mí. Entiéndanme, se las percibe como una importantísima contribución a la gestalt estética de nuestra civilización, pero no son lo que se dice un dechado de acción y coherencia. Disculpable, por supuesto, dada las épocas y sociedades que las produjeron. El problema estaba en mí: el espíritu friki acechaba tras cada nueva decepción.

Entonces llegó el descubrimiento: un enorme libraco que contenía parte de las obras de Álvaro de Laiglesia.

Te vigilan, brother

Desde ayer, he estado pensando sobre qué tema podría quejarme en el siguiente post. Algo sencillito, sin demasiado alcance, una gilipollez cualquiera, vamos. El problema es que hay tanto donde elegir que a uno se le va la pinza entre tanta idiotez producida por los hombres y mujeres humanos.

Al final me he decidido por hablar de Google (paso de poner links porque todos tenéis a estos mamarrachos como página de inicio inevitable en todos vuestros navegadores), aprovechando que circula un vídeo por YouTube desde hace algún tiempo en el que se exprime y se explica los modos y maneras en los que actúan estos simpáticos muchachos que se onanizan con el Gran Hermano de Orwell.

Seamos claros: Google no es más que una extensión de la habitual paranoia estadounidense, que considera que el mundo es un lugar muy peligroso para vivir y que, por tanto, hay que estar preparados para defenderse. En su inmensa estupidez vital, compañías como esta creen estar haciendo una inmensa labor a la humanidad (esto en psicología se llama Megalomanía, o sea, creerse el ombligo del mundo) al escanear todos los correos y al recabar información vital sobre todos los usuarios de, por ejemplo, Gmail, que son millones en este patético planeta nuestro. Para ellos, respetar la privacidad no es más que una muestra de flaqueza, algo que hay que sacrificar en aras de un bien mayor: la consecución de un planeta puro en donde reine el Bien para mayor gloria de Dios (no olvidéis lo que pone en los billetes de dólar: In God We Trust [En Dios Confiamos]), y, ya de paso, donde los yanquis sean los que administren el cotarro; es que el resto de la humanidad, ya sabéis, son tontos perdidos que necesitan ser gobernados.

Es sintomático que en Second Life, ese mundo virtual en el que están empezando a replicarse los mismos comportamientos y actitudes que en el mundo real, donde hasta hacía poco se producía un respeto absoluto hacia la intimidad de los usuarios, haya ahora una prisa absoluta por cambiar los protocolos y exigir a todos los miembros (hay muchas formas de exigir, no se dejen engañar por la demagogia y la oratoria barata) que demuestren más allá de toda duda que son los que dicen ser y que tienen la edad que dicen tener. Y yo me pregunto, ¿qué sentido tiene entonces un juego (por llamarlo de algún modo) donde lo que los usuarios buscan es la fantasía y adoptar las apariencias que quieran para vivir una segunda vida que no tenga nada que ver con la de verdad? Pues no tiene ninguno, oiga, pero es lo que hay, y nadie podrá hacer nada por impedirlo.

Detrás de este ejemplo, seguro, está la CIA, el FBI, y su acólito Google, no lo duden, recabando información para mayor gloria de un mundo mejor. Yo propongo, desde esta humilde tribuna, que usemos Gmail, por qué no, pero que incluyamos en las firmas lindezas como las siguientes, más que nada para joderles. Os las coloco en Inglés para que así las entiendan:

  • Go spy your fucking mother (Ve a espiar a tu puta madre)
  • Privacy is ecstasy (La privacidad es el éxtasis)
  • Stop watching my ass, pervert! (¡Deja de mirarme el culo, pervertido!)
  • You’re molesting a free soul (Estáis abusando de un alma libre)
  • Who watches The Watchmen? (¿Quién vigila a Los Vigilantes?) [Esto es de Juvenal, pero sigue molando a pesar de los años]

Vosotros podéis añadir el resto. Inundemos el ciberespacio de proclamas anti gilipollas endiosados, y saturemos sus servidores con quejas y porquería filosófica. Ellos nos bombardean con anuncios que no pedimos, pues hagamos nosotros lo mismo.

Mi intimidad es mía. Es todo cuanto tengo que decir.

Felicitación de protocolo

Los que me conocen un poco saben que odio la Navidad, y los que no, pues acaban de enterarse. De pequeño me gustaba, como a todos, pero ya he dicho más de una vez que esta ola de consumo compulsivo que trae el neoliberalismo ha terminado por cargarse cualquier ilusión que me pudiera o pudiese quedar. De todas formas, lo cortés no quita lo valiente, y uno es una persona educada que comprende que su opinión no es ni mucho menos compartida por el resto del planeta. Por tanto, sirva este pequeño post para desearles unas felices navidades y un próspero año nuevo en el que el Euribor caiga en picado y el Cádiz vuelva a primera. Sí, sé que es un detalle, pero es que yo soy así de generoso :))