Seguimos con el Gran Hermano. Increíble, ¿no creen? supongo que somos el único país del planeta que ha llegado a la décima edición

The mind-forg’d
Manacles I hear

Un apunte ultrarápido

Hablaba el otro día de la verdadera crisis, la de ideas, y todo cuanto veo o leo a mi alrededor confirma mis sospechas de que no estoy equivocado. En los dos o tres últimos días he leído artículos en prensa en los que los más sesudos economistas del planeta achacan el estado actual de las bolsas (y, por ende, de nuestros bolsillos) a la avaricia de los pérfidos neocons (yuyu mutia, diría Tarzán) y a la falta de ideas para desarrollar nuevos modelos económicos que se ajusten a la realidad y a las necesidades del mundo actual.

Pues va a ser que sí.

Deccelerando

Aunque sea difícil de creer, esta es la primera vez que tengo tiempo de sentarme ante las teclas y escribir algo que no sean listas de alumnos, horarios de profesores o basura administrativa en general desde que volví de las vacaciones allá por el primer día de Septiembre. Acelerado a tope, montando la bala, moviéndome más que el rabo de una lagartija, luchando contra la torpe maquinaria de la administración pública con el mismo espíritu que Conan ante los pictos en las inmediaciones del Río Negro: yo gano por mis cojones.

Pero todo llega a su fin, y parece que las cosas se encauzan lo quieras o no. Los niveles de entropía se equilibran y, poco a poco, vamos volviendo a la normalidad y a ver espacios vacíos en la apretada agenda de nuestros días.

No crean, sigo los blogs habituales (porque puedo leer con una parte de mi mente mientras la otra se dedica a tareas de poca enjundia), y cada vez lo flipo más con todas las noticias que este manicomio al que llamamos sociedad nos regala jornada tras jornada. La crisis, por ejemplo, en la que no creo. Llámenla más bien una corriente de ajuste del sistema y ya empezaremos a estar más de acuerdo. De momento, yo lo único que veo es que nadie ha hecho los deberes, que estábamos (y estamos) en manos de tíos aburridos a los que lo único que se la pone dura es el dinero (al cual ni siquiera pueden acceder físicamente para bañarse como hacía el Tío Gilito), y que las pasaremos canutas más por miedo que por otra cosa.

La crisis verdaderamente preocupante es la de ideas. Esa sí que nos va a hacer daño, y mucho, a todos los niveles. Cuando una sociedad pierde de vista su futuro, tanto política como socialmente, cuando es incapaz de avanzar un paso más allá, entonces es el momento adecuado para hacer las maletas y solicitar un traslado de planeta, o de dimensión, o de universo…

Vaya usted a saber.

Sigan con sus vidas, que yo continúo al acecho. Piso suavemente el pedal del freno, pero no llegaré a detenerme. Qué más quisiera.

Hedonismo de Pacotilla

Está la cosa que te cagas con el hedonismo en esta sociedad nuestra. Yo, en principio, no tengo nada en contra del placer por el placer, estaría bueno, pero lo que no estoy dispuesto a soportar es que se confundan los microchips con las berzas. Amiga mía: si es usted hedonista, sepa que la belleza, el culto al cuerpo y los retocamientos absurdos en las clínicas de estética están para algo más que para lucir el palmito en las playas o para dejar al personal masculino con la boca abierta y la bragueta abultada. Señora o señorita mía: si ha luchado usted por conseguir un cuerpo de Barbie de pacotilla, si ha llenado sus carnes de silicona, al menos dése un gustazo y amortice la inversión, joder.

En este país nuestro de charanga, oración, Rocío, Ferias y panderetas, las féminas están cada día más despistadas (no hablemos aún de los machos kilometrosexuales, sobre los cuales ya me explayaré en otro post) y absurdas. Mucho cambio, mucho bótox, mucho alzamiento de senos y nalgas, pero poca chicha, id est, que se folla aquí menos que en un jardín de infancia esquimal. Y es que, amigas o enemigas mías, algunas todavía no se han dado cuenta de que la belleza y el atractivo no dependen sólo de la envoltura exterior, que, a veces, es más una cuestión de fondo que de forma (o de materia primera y materia segunda, si nos ponemos aristotélicos). Sin entrar en filosofías: la que lo tiene lo tiene, y la que no, pues que sepa que ni una legión de cirujanos plásticos va a arreglarlo. Una señora entradita en carnes puede tener más morbo y sex-appeal que un batallón de Pamelas Andersons en pelotas. Esto es así, y ningún anuncio de la Corporación Dermopatética va a demostrar lo contrario.

Unas nacen con ese yo-no-sé-qué-que-qué-sé-yo y otras no, qué le vamos a hacer (yo mismo soy un buen ejemplo de que en la vida tienes que aprender a jugar con las cartas que te tocan). Quizá es que todo dependa de que para ser sexualmente atractiva hay que ser sexualmente activa, y es que, no nos engañemos, todo este asunto no es más que química orgánica de feromonas y demás zarandajas. No tiene sentido castigarse las carnes en las clínicas sólo para aparentar que eres una sex-symbol, hay que pensar como una de ellas. Y eso sólo se consigue teniendo esa chispa, ese carisma sexual con el que, malas noticias, se nace, el cual se tiene o no se tiene, y todavía no hay investigación humana que haya conseguido replicar o trasplantar tal entelequia.

Dejen de gastarse los cuartos en los quirófanos y practiquen más el sexo. Estarán más guapas, serán más felices y su atractivo sexual crecerá enteros, no importa que sus formas no coincidan con los cánones que dictan el Playboy o la MTV. Estos últimos, por mi parte, pueden irse a la mierda, juntos o por separado.

No sean buenos, no sirve de nada.

La Ciudad Silenciosa

Bueno, nenes y nenas, después de las (para mí) merecidísimas vacaciones navideñas, volvemos con más fuerza y más carnaval, je, je… De aperitivo, aquí os dejo un corto que es la caña de España, gracias a un chivatazo de mi buen amigo V.

Disfrutadlo.

http://www.dailymotion.com/video/x17eup_the-silent-city_shortfilms

 

Felicitación de protocolo

Los que me conocen un poco saben que odio la Navidad, y los que no, pues acaban de enterarse. De pequeño me gustaba, como a todos, pero ya he dicho más de una vez que esta ola de consumo compulsivo que trae el neoliberalismo ha terminado por cargarse cualquier ilusión que me pudiera o pudiese quedar. De todas formas, lo cortés no quita lo valiente, y uno es una persona educada que comprende que su opinión no es ni mucho menos compartida por el resto del planeta. Por tanto, sirva este pequeño post para desearles unas felices navidades y un próspero año nuevo en el que el Euribor caiga en picado y el Cádiz vuelva a primera. Sí, sé que es un detalle, pero es que yo soy así de generoso :)) 

La Canción del Pirata

Podría calcularlo en las antiguas pesetas, pero sé que sería una barbaridad de muchos ceros y no quiero marearme. 110 millones de euros es lo que se va a embolsar la SGAE con el nuevo canon digital, previsiones para 2008. Si esto no es demencial que venga Crom y lo vea.

Es decir, que empezaron quejándose de las pérdidas por piratería y ahora hemos llegado a que les permitan por ley (casi actuar bajo una  auténtica Patente de Corso) recaudar directamente al rebaño ciego que es la sociedad actual por el simple hecho de utilizar aparatos de almacenamiento, id est, cobrar por la posibilidad del delito, y no por el delito en sí.  Yo me pregunto cientos de cosas al respecto, aunque hay un par de ellas que me interesaría recalcar:

  • Mi madre tiene 65 años, no sabe ni programar un DVD, mucho menos tirar de mula y bajarse el último disco de los triunfitos. ¿Por qué tiene que pagar mi amadísima progenitora por comprarse un teléfono móvil? ¿Hay derecho a que se dude de ella y se la trate como un delicuente preventivo para que no lesione los derechos de, un poner, Ramoncín o Alejandro Sanz?
  • Vale, yo (que sí que sé) tiro de la mula y me descargo un disco descatalogadísimo de Smile, el primer grupo de Freddie Mercury. Es un disco de 1969, no hay forma de conseguirlo, y yo lo quiero escuchar. Tendrá unos derechos, no lo dudo, pero, ¿qué coño pintan en los citados derechos la Sociedad General de Autores de ESPAÑA? Que yo sepa, estamos hablando de un grupo británico que ya no existe, y que incluso es anterior a toda esta vaina. ¿Me puede explicar alguien de qué estamos hablando en este caso?

Como comentaba antes, esto empieza a tener tintes de puro manicomio, y dice muy poco de nosotros, ciudadanos, el hecho de que no movamos un dedo para evitar estos atropellos. Veo un futuro oscuro en el que los hombres de negro de la SGAE, carpetita en mano, nos detendrán por ir silbando por la calle el último éxito de Bisbal, o nos colocarán en nuestras casas cámaras de monitorización para ver si estamos interpretando con la guitarra canciones prohibidas por sus cánones.

Sólo les recuerdo que sin acción no hay reacción, que ancha es Internet, y que, afortunadamente, se puede comprar de modo electrónico cualquier cosa que necesiten, en países cuyas legislaciones no contemplan este tipo de tropelías. Prefiero pagar los gastos de envío, porque al menos formará parte del sueldo del transportista. El canon, mientras no se pongan de acuerdo, no sé a qué bolsillo va.