Ordeñando a la basca

[Música de fondo: Californication, de los Red Hot Chili Peppers]

Cuando yo era chico (pongamos que hace más o menos unos treinta años) las compras navideñas y, por supuesto, sus productos asociados, estaban en boxes hasta poco más de una semana antes de la nochebuena. I mean, que hasta el quince de diciembre o así nadie se preocupaba por hacer acopio de polvorones, sidras, pavos, mariscos (salvo gente pudiente, no había pasta para ello), regalos inservibles y demás gilipolleces que nos echamos a las espaldas durante estas fechas de supuesto buen rollito. ¿Por qué? Por muchísimas razones, pero la principal es que no había tantos centros comerciales e hipermercados a los que bailarles el agua.Nuestra sociedad pasará a la historia como una de las más gilipollas que ha parido la especie humana (de por sí bastante imbécil a juzgar por las cagadas cometidas a lo largo y ancho de la historia), de eso no me cabe la menor duda. En síntesis, no somos más que una panda de simios que se mata a trabajar con el fin de obtener unos cuantos bits de información que se traducen a numeritos en la cuenta del banco para, inmediatamente, irlos entregando poco a poco a unas entidades que nos proveen de cosas que, en realidad, no necesitamos en la mayoría de los casos. Esto último se agrava más o menos a finales de octubre, con el pretexto de celebrar el nacimiento de un tipo que, supuestamente, murió por los pecados de la humanidad. Qué bonito, oiga. Ya puestos, el tipo en cuestión nunca dijo que tuviéramos que empeñar hasta las cejas para comprar regalitos absurdos que nuestros familiares irán arrinconando en rincones olvidados de sus casas. Porque, la verdad, ¿a alguno de ustedes le regalan algo que de verdad necesite o desee? Quitemos a las parejas de cada cual, que más o menos nos conocen… aparte de éstas, todo lo demas se limita a chucherías sin sentido que nos la traen al pairo. Los únicos que salen ganando, ya saben, son los mismos que se ponen las botas inventádose fiestecitas absurdas a lo largo del año, todo para que no haya ni un solo mes en el calendario en el que no haya que regalar algo a alguien.Nunca he sido amante de la navidad, ni siquiera de pequeño, pero he de reconocer que, al menos, las de antes eran menos ostentosas y más ilusionantes. Será que ahora ya tenemos de todo (me refiero al mundo occidental), y que pocas cosas nos sorprenden; o será que en este mundo neoliberal que nos contiene no nos queda otra para ganarnos el derecho a existir.Y, sí, odio al puto santa claus de los cojones. De aquí a nada, si no ya lo verá, estaremos celebrando el Día de Acción de Gracias sin saber siquera lo que significa. El caso es celebrar, aunque la otra mitad del mundo se esté muriendo de hambre en estos mismos momentos.

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3 comentarios

  1. Pozí. A mí me saca de quicio ver cómo ponen las iluminaciones por los madriles mediado Octubre. Hace un tiempo bromeaba con un amiguete, supongo que como todo el mundo, con aquello de que al final empezarían a poner las luces en Agosto. Creo que me quedaba corto: creo que acabarán por no quitarlas.
    Este año me agazapo junto a la chimenea con la recortada. Ese canoso gordo de los cojones no va a comerse mi turrón.

    V.

  2. ¿Puedo acompañarte con mi UCI? MUAHHAHAHAMUAHAHAHAHAH

  3. Por supuesto. Puede venir con alguno de sus elfos. Y ojo con los renos esos, que los carga el diablo… 😛

    V.

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