El Mundo Feliz (I)

Debo confesarlo: soy culpable de todo lo que me acusan y, supongo, que deberé expiar mis culpas a lo largo de todas las reencarnaciones que me queden por delante. No hay vuelta atrás, por mucho que haga o diga, por mi sangre corren rastros genéticos de seres malvados y pendencieros que nos han llevado hasta la situación actual.

De verdad.

Soy hombre, caucásico, vivo en el primer mundo y pago mis impuestos. Como atenuante diré que hace mucho tiempo que abandoné la fe católica (aunque ellos se nieguen a facilitarme la apostasía: no pueden arriesgarse a que sus censos disminuyan), posiblemente una de las decisiones más inteligentes que haya tomado en la vida. Por lo demás, culpable, se mire por donde se mire.

Porque no recuerdo ahora mismo que, por irnos al otro lado de la calle de la vida, ninguna mujer haya comenzado jamás una guerra (¿mandar a la gente que amas y a tu prole al exterminio? Venga ya, eso no es de seres inteligentes), que ninguna fémina haya ordenado invadir un país para abortar culturas, que ellas se emborrachen y peguen a sus pareja para tratar de evadirse de sus frustraciones.

Seguimos con el Gran Hermano. Increíble, ¿no creen? supongo que somos el único país del planeta que ha llegado a la décima edición

The mind-forg’d
Manacles I hear

Un apunte ultrarápido

Hablaba el otro día de la verdadera crisis, la de ideas, y todo cuanto veo o leo a mi alrededor confirma mis sospechas de que no estoy equivocado. En los dos o tres últimos días he leído artículos en prensa en los que los más sesudos economistas del planeta achacan el estado actual de las bolsas (y, por ende, de nuestros bolsillos) a la avaricia de los pérfidos neocons (yuyu mutia, diría Tarzán) y a la falta de ideas para desarrollar nuevos modelos económicos que se ajusten a la realidad y a las necesidades del mundo actual.

Pues va a ser que sí.

Deccelerando

Aunque sea difícil de creer, esta es la primera vez que tengo tiempo de sentarme ante las teclas y escribir algo que no sean listas de alumnos, horarios de profesores o basura administrativa en general desde que volví de las vacaciones allá por el primer día de Septiembre. Acelerado a tope, montando la bala, moviéndome más que el rabo de una lagartija, luchando contra la torpe maquinaria de la administración pública con el mismo espíritu que Conan ante los pictos en las inmediaciones del Río Negro: yo gano por mis cojones.

Pero todo llega a su fin, y parece que las cosas se encauzan lo quieras o no. Los niveles de entropía se equilibran y, poco a poco, vamos volviendo a la normalidad y a ver espacios vacíos en la apretada agenda de nuestros días.

No crean, sigo los blogs habituales (porque puedo leer con una parte de mi mente mientras la otra se dedica a tareas de poca enjundia), y cada vez lo flipo más con todas las noticias que este manicomio al que llamamos sociedad nos regala jornada tras jornada. La crisis, por ejemplo, en la que no creo. Llámenla más bien una corriente de ajuste del sistema y ya empezaremos a estar más de acuerdo. De momento, yo lo único que veo es que nadie ha hecho los deberes, que estábamos (y estamos) en manos de tíos aburridos a los que lo único que se la pone dura es el dinero (al cual ni siquiera pueden acceder físicamente para bañarse como hacía el Tío Gilito), y que las pasaremos canutas más por miedo que por otra cosa.

La crisis verdaderamente preocupante es la de ideas. Esa sí que nos va a hacer daño, y mucho, a todos los niveles. Cuando una sociedad pierde de vista su futuro, tanto política como socialmente, cuando es incapaz de avanzar un paso más allá, entonces es el momento adecuado para hacer las maletas y solicitar un traslado de planeta, o de dimensión, o de universo…

Vaya usted a saber.

Sigan con sus vidas, que yo continúo al acecho. Piso suavemente el pedal del freno, pero no llegaré a detenerme. Qué más quisiera.

Hedonismo de Pacotilla

Está la cosa que te cagas con el hedonismo en esta sociedad nuestra. Yo, en principio, no tengo nada en contra del placer por el placer, estaría bueno, pero lo que no estoy dispuesto a soportar es que se confundan los microchips con las berzas. Amiga mía: si es usted hedonista, sepa que la belleza, el culto al cuerpo y los retocamientos absurdos en las clínicas de estética están para algo más que para lucir el palmito en las playas o para dejar al personal masculino con la boca abierta y la bragueta abultada. Señora o señorita mía: si ha luchado usted por conseguir un cuerpo de Barbie de pacotilla, si ha llenado sus carnes de silicona, al menos dése un gustazo y amortice la inversión, joder.

En este país nuestro de charanga, oración, Rocío, Ferias y panderetas, las féminas están cada día más despistadas (no hablemos aún de los machos kilometrosexuales, sobre los cuales ya me explayaré en otro post) y absurdas. Mucho cambio, mucho bótox, mucho alzamiento de senos y nalgas, pero poca chicha, id est, que se folla aquí menos que en un jardín de infancia esquimal. Y es que, amigas o enemigas mías, algunas todavía no se han dado cuenta de que la belleza y el atractivo no dependen sólo de la envoltura exterior, que, a veces, es más una cuestión de fondo que de forma (o de materia primera y materia segunda, si nos ponemos aristotélicos). Sin entrar en filosofías: la que lo tiene lo tiene, y la que no, pues que sepa que ni una legión de cirujanos plásticos va a arreglarlo. Una señora entradita en carnes puede tener más morbo y sex-appeal que un batallón de Pamelas Andersons en pelotas. Esto es así, y ningún anuncio de la Corporación Dermopatética va a demostrar lo contrario.

Unas nacen con ese yo-no-sé-qué-que-qué-sé-yo y otras no, qué le vamos a hacer (yo mismo soy un buen ejemplo de que en la vida tienes que aprender a jugar con las cartas que te tocan). Quizá es que todo dependa de que para ser sexualmente atractiva hay que ser sexualmente activa, y es que, no nos engañemos, todo este asunto no es más que química orgánica de feromonas y demás zarandajas. No tiene sentido castigarse las carnes en las clínicas sólo para aparentar que eres una sex-symbol, hay que pensar como una de ellas. Y eso sólo se consigue teniendo esa chispa, ese carisma sexual con el que, malas noticias, se nace, el cual se tiene o no se tiene, y todavía no hay investigación humana que haya conseguido replicar o trasplantar tal entelequia.

Dejen de gastarse los cuartos en los quirófanos y practiquen más el sexo. Estarán más guapas, serán más felices y su atractivo sexual crecerá enteros, no importa que sus formas no coincidan con los cánones que dictan el Playboy o la MTV. Estos últimos, por mi parte, pueden irse a la mierda, juntos o por separado.

No sean buenos, no sirve de nada.

:) WATCHMEN :)

Uno es cauto ante cualquier adaptación de un medio a otro, sean cuales sean. Por norma general, me da grima leer que una obra literaria va a ser llevada al cine (con la excepción de El Nombre de la Rosa), y me embarga la misma sensación si es al contrario (las “novelas” derivadas de películas suelen ser truños infumables dirigidos a un público poco o nada exigente). Lo mismo me sucede con el cómic, y es que soy de los que pienso que cada medio tiene su propio lenguaje, sus propias convenciones, y sus propios medios y maneras para contar una historia. No hay necesidad de traspasar las fronteras. Si esto ocurre tan a menudo es, simplemente, por la falta de ideas que está acabando con el cine tal y como lo conocemos.

Pero han vuelto a hacerlo. En Marzo de 2009 llegará a las pantallas la adaptación del cómic por excelencia, del único que está entre las cien mejores obras de la literatura inglesa de todos los tiempos. Hablamos, por supuesto, de Watchmen: esa maravilla surgida de las neuronas de Moore y Gibbons. No me imagino siquiera cómo se han atrevido a hacerlo. La historia ucrónica transcurre en unos EEUU alternativos en los que Nixon es aún el presidente durante la década de los ochenta, una nación machacada por el fascismo y la intolerancia, con un pueblo sometido por la oligocracia del miedo que mira de reojo el “reloj nuclear” (el mecanismo que mide la tensión entre estadounidenses y el bloque soviético), permanentemente situado a las doce menos cinco… En este ambiente, alguien está aniquilando a los antiguos superhéroes, enmascarados sin poderes (excepto uno) que son tan falibles y desesperados como cualquier hijo de vecino.

¿Cómo transmitirá el director la sensación de paranoia constante que teníamos los que crecimos durante la Guerra Fría? ¿Cómo explicarle a una generación sin rebeldía, sin solidaridad, lo que es vivir bajo el yugo de un poder que abarca más de lo que tú puedes llegar a imaginar

Sinceramente, no creo que hayan podido hacerlo. La obra es tan densa y tan profunda que nunca te cansas de leerla, y cada vez que lo haces descubres un detalle nuevo que se te había pasado por alto, Lo que se dice una Obra Maestra con todas las letras. Al menos, pues lo cortés no quita lo valiente, en lo visual lo han clavado, al tráiler me remito:

Mutaciones Empresariales Gaditanas

Crom sabe que durante toda mi vida he paseado por las calles gaditanas
contemplando extraños híbridos empresariales que, siendo un chaval, me
parecían de lo más normal por lo cotidiano. Sólo cuando entré en la
juventud y empecé a investigar más allá del nido caí en la cuenta de
que aquello no era ni mucho menos lo más normal.
Les pongo algunos ejemplos: Ultramarinos-Videoclub, normalito; Hamburguesería-Pub-Prensa y Revistas, algo más extraño; Droguería-Lencería-Mercería, este es hasta lógico; Ultramarinos-Bar de Tapas, un clásico de las calles del casco antiguo…

En fin, que uno puede encontrar de todo en esta ciudad nuestra que siempre cuenta con algo que nos sorprenda. Y lo traigo a colación porque hoy he leído en la prensa que le han echado una multa del copón a una de estas mutaciones empresariales gaditanas: una peluquería-estanco, 1500 lerus por no tener licencia para vender labores de tabaco :))

Cai es cai, siempre. Será el único lugar del mundo el que puedes recortarte las puntas o amoldarte el flequillo mientras compras un paquete de Winston.